Letter to my Nephew on the One Hundredth Anniversary of Emancipation by James Baldwin, 1963

Gustavo Carvajal, translator
Byron Alaff, illustrator

CARTA A MI SOBRINO EN EL CENTENARIO DE LA DECLARACION DE EMANCIPACION. [1]

Traducción y comentario por Gustavo J. Carvajal A.

Querido James:

He empezado a escribir esta carta cinco veces, y cinco veces la he roto en pedazos. Continúo viendo tu cara que es a su vez la cara de tu padre y mi hermano. Al igual que él, eres rudo, oscuro, vulnerable, temperamental- con una muy definida tendencia a sonar desafiante puesto que no quieres que nadie llegue a pensar que eres delicado. Puede que te parezcas en eso a tu abuelo, no sé, pero lo cierto es que tanto tú como tu padre se asemejan mucho a él físicamente. En cualquier caso, él está muerto, nunca te conoció y tuvo una vida terrible; fue derrotado mucho antes de morir porque, en el fondo de su corazón, de verdad creía en lo que la gente blanca decía de él. Esa es una de las razones por las cuales se volvió tan piadoso. Estoy seguro que tu padre te ha contado algo acerca de todo eso. Ni tú, ni tu padre exhiben ninguna tendencia hacia la santidad: ustedes de verdad son de otra época, parte de lo que ocurrió cuando el Negro abandonó la tierra y vino a lo que el difunto E. Franklin Frazier llamó “las ciudades de la destrucción”. Pero tú solo puedes ser destruido si de verdad crees que eres lo que el mundo blanco llama un “nigger”. Esto te lo digo porque te amo, por favor nunca lo olvides.

Tanto a ti como a tu papá los he conocido toda su vida y a él lo he cargado en mis brazos y sobre mis hombros, le he besado y dado de nalgadas, y así mismo lo he visto aprender a caminar. No sé si tú hayas conocido a alguien de tanto tiempo atrás; o si hayas amado a alguien por tantos años, primero como un niño, luego como un joven, y más tarde como un hombre: se gana una perspectiva extraña del tiempo y del esfuerzo y el dolor humanos. Otras personas no pueden ver lo que yo veo cuando quiera que miro el rostro de tu padre, pues bajo el rostro de tu padre como luce hoy, están todos los rostros que antes fueron suyos. Deja que se ría y entonces yo veo un sótano que él no recuerda y una casa que él no recuerda y escucho en su risa de hoy, su risa de la infancia. Deja que maldiga, y me acuerdo de él cayendo por las escaleras que conducían al sótano, chillando, y entonces recuerdo con dolor sus lágrimas, la cuales mi mano o la de tu abuela, limpiaban con tanta facilidad.

Pero ninguna mano puede enjuagar esas lágrimas que derrama en silencio hoy, las cuales se filtran en su risa, en su hablar y en sus canciones. Yo sé lo que el mundo ha hecho con mi hermano, y cómo apenas si ha logrado sobrevivir. Y también sé, lo que es mucho peor, y este es el crimen del cual acuso a mi país y a mis compatriotas, y por el cual ni yo ni el tiempo ni la historia los habrá de perdonar; que han destruido y siguen destruyendo cientos de miles de vidas y no lo saben ni quieren enterarse. Uno puede ser, y en verdad debe esmerarse por convertirse en alguien duro y filosófico en cuanto concierne a la destrucción y la muerte, pues se trata de las actividades que mejor ha realizado la mayoría de la humanidad desde que se sabe de los hombres. (Pero recuerda: la mayoría de la humanidad no es toda la humanidad.) Eso sí, lo que no es permisible es que los autores de la devastación puedan también ser cándidos. Es la candidez lo que constituye el crimen.

Ahora bien, mi querido tocayo, estas personas cándidas y bien intencionadas, tus compatriotas, son las causantes de que hayas nacido bajo condiciones no muy distintas de aquellas descritas por Charles Dickens en el Londres de hace más de cien años. (De inmediato escucho el coro de los inocentes vociferar, “¡No! ¡Eso no es verdad!, Qué amargado eres”­ – pero yo estoy escribiendo esta carta para ti, para intentar explicarte algo acerca de cómo tratar con ellos, pues en su mayoría no saben en realidad que tu existes. Yo conozco las condiciones bajo las cuales naciste, puesto que yo estaba ahí. Tus compatriotas no estaban ahí, y aún no han llegado. Tu abuela también estaba ahí, y nadie la ha acusado jamás de ser amargada. Les sugiero a los cándidos que vayan y le pregunten a ella. No es difícil encontrarla. Sin embargo, tus compatriotas tampoco saben que ella existe, a pesar de que ha trabajado para ellos durante todas sus vidas.)

Así fue que naciste, aquí viniste, hará unos quince años; y a pesar de que tu padre, tu madre y tu abuela, al mirar en derredor las calles por las que te llevaban en brazos, o al contemplar los muros al interior de los cuales te trajeron, tenían toda justificación para sentirse apesadumbrados, no lo estaban. Pues aquí estabas tú Gran James, llamado así por mi – eras un bebé grande, si bien yo no lo fui – aquí estabas Gran James, para ser amado. Para ser amado, niño, con fuerza, de inmediato y para siempre; para acorazarte de amor frente a este mundo despiadado. Recuerda eso: yo se cuán descorazonador se presenta todo para ti hoy. Las cosas andaban mal por aquellos días también, sí, andábamos trémulos. No hemos parado de temblar aun, pero si no nos hubiéramos amado el uno al otro ninguno de nosotros habría sobrevivido. Y ahora tú tienes que sobrevivir porque te amamos, y por el bien de tus hijos, y de los hijos de tus hijos.

Este país inocente te inscribió en un gueto el cual, de hecho, ha dispuesto para que también perezcas en él. Déjame delinear con precisión lo que intento decir con eso, puesto que el corazón del problema está allí, así como la raíz de la disputa que sostengo con mi país. Naciste donde naciste y enfrentas el futuro que enfrentas porque eres negro y no por ninguna otra razón. Se esperaba por lo tanto, que los límites de tu ambición estuvieran anclados para siempre. Naciste en una sociedad la cual manifestaba con brutal claridad y en tantas formas como le era posible que tú eras un ser despreciable. No se suponía que aspiraras a la excelencia, se suponía que hicieras las paces con la mediocridad. Dondequiera que has vuelto la mirada, James, durante tu corto tiempo en esta tierra, se te ha dicho dónde puedes ir y lo que puedes hacer (y cómo lo puedes hacer) y en dónde puedes vivir, y con quién puedes casarte. Yo sé que tus compatriotas no están de acuerdo conmigo sobre este asunto, y puedo escucharlos decir, “Ah, exageras.” Ellos no conocen Harlem, yo sí. Y tú también. No te tragues el cuento de nadie, ni siquiera el mío, sino confía en tu propia experiencia. Conoce de dónde viniste. Si sabes de dónde viniste realmente no hay límites para donde puedes llegar. Los símbolos y detalles de tu vida han sido deliberadamente construidos para hacerte creer lo que la gente blanca dice sobre ti. Por favor trata de recordar que cuanto ellos piensan, así como lo que hacen y te obligan a soportar, no es testimonio de tu inferioridad, sino muestra de su miedo e inhumanidad. Por favor trata de mantener la claridad en medio de la tormenta que se revuelve en tu joven cabeza, querido James, acerca de la realidad que subyace tras las palabras integración y aceptación. No existe ninguna razón para que trates de volverte como los blancos y no existe ninguna base en absoluto para la impertinente presunción de que ellos deben aceptarte a ti. Lo realmente terrible, mi viejo amigo, es que eres tú quien debe aceptarlos a ellos. Y esto te lo digo muy en serio. Debes aceptarlos, y aceptarlos con amor. Pues estas gentes cándidas no tienen otra esperanza. Porque todavía están, en efecto, atrapadas en una historia que no entienden, y mientras no la entiendan no podrán liberarse de ella. Ellos han tenido que creer por muchos años, y por innumerables razones, que los negros son inferiores a los blancos. Muchos de ellos, es cierto, saben que eso no es verdad, pero, como lo habrás de descubrir, a la gente le resulta muy difícil actuar de acuerdo a sus convicciones. Actuar es un compromiso, y comprometerse es un peligro. En este caso el peligro, en la mente de la mayoría de los americanos blancos, es la pérdida de su identidad. Trata de imaginar cómo te sentirías si una mañana despertaras y vieras el sol encendido y al mismo tiempo las estrellas brillar. Sin duda te sentirías asustado porque ello estaría fuera del orden de la naturaleza. Cualquier perturbación en el universo es aterradora pues amenaza profundamente el sentido mismo de nuestra propia realidad. Bien, el hombre negro ha funcionado en el universo del hombre blanco como una estrella fija, como una columna inamovible: en tanto se desplaza de su lugar asignado, el cielo y la tierra se sacuden. Tú, no te asustes. He dicho que se ha dispuesto que tú debías perecer en el gueto, perecer a causa de los límites impuestos por las definiciones del hombre blanco, por la imposibilidad de enunciar tu propio nombre. Tú, como muchos de nosotros, has vencido esa intención; y debido a una terrible ley, a una cruel paradoja, esos inocentes que pensaban que tu prisión los mantenía seguros están perdiendo su comprensión de la realidad. Pero estos hombres son tus hermanos – tus hermanos extraviados, tus hermanos más jóvenes. Y si la palabra integración significa algo, significa esto: que nosotros deberemos forzar a nuestros hermanos, con amor, a verse a sí mismos como realmente son, y a dejar de huir de la realidad y comenzar a cambiarla. Pues esta es tu casa, mi amigo, no permitas que te expulsen de ella; grandes hombres han alcanzado cosas grandiosas aquí, y continuaran haciéndolo, nosotros podemos hacer de América lo que América debe llegar a ser. Será difícil James, pero tu provienes de una robusta estirpe campesina, hombres que recogieron algodón y encauzaron ríos y construyeron ferrocarriles, y que en las garras de la más aterradora adversidad alcanzaron una invencible y monumental dignidad. Tú vienes de un largo linaje de grandes poetas, algunos de los más grandes poetas desde Homero. Uno de ellos una vez dijo, en el momento mismo en que creí que estaba perdido, mi calabozo se sacudió y mis cadenas se cayeron.[2]

Tú sabes, y yo sé, que el país hoy celebra cien años de libertad cien años demasiado pronto. No podemos ser libres hasta que ellos sean libres. Dios te bendiga y te acompañe James.

Tu tío, James.

ACERCA DE JAMES BALDWIN

En una entrevista para la televisión le preguntaban a James Baldwin: “empezando su carrera como escritor, usted era negro, pobre y homosexual, en ese momento nunca pensó ¡Dios! ¿Qué más desventajas se pueden tener?” Y Baldwin, esbozando una sonrisa luminosa contesta: “Oh no, pensé que me había sacado la lotería; era una situación tan extravagante que no se podía ir más lejos, así que había que encontrar una forma de aprovecharla”.[3]

El tema de los ensayos y las novelas de James Baldwin (1924-1987) no es el problema racial (el cual entendió como ningún otro escritor del siglo XX), sino el tema infinito y eterno de la identidad. Así como el tema de Malcolm Lowry es mucho más que el alcohol, y el de Henry Miller es mucho más que el sexo, o el de Jean Genet es mucho más que el crimen, Baldwin utiliza la materia del poeta, es decir su experiencia particular sobre la tierra, para penetrar en los recodos más profundos del espíritu los cuales competen a todos los hombres en todas las eras.

En su preclaro libro de ensayos “The Fire Next Time” del cual extraemos Carta a mi sobrino, Baldwin dice: “ser blanco no es más que un estado mental”; es decir, que ser blanco es una actitud frente a la realidad y no algo arbitrario como un fenotipo o el color de la piel. Así también, las categorías de hombre, mujer, heterosexual, homosexual o asexual, no son más que actitudes mentales y poco tienen que ver con caracteres biológicos o anatómicos. Con la fuerza que proporciona la confianza en la verdad y armado de un estilo bello, agudo y desprovisto de pompa, Baldwin descompone toda discusión previa acerca de la justicia o la raza, para llevarla al plano que de verdad interesa: ¡el plano del ser!.

Distinguido lector de La Opinión, si en el mundo convulso de hoy te queda algún tiempo libre para releer este ensayo, trata de intercambiar la palabra “nigger” por otra como “indio”, “marica”, “judío”, “ramera”, “invalido”, “sudaka”, “campesino”, “desechable” o cualquiera de esa estirpe y veras que esta carta está dirigida a ti.

 

Translation into Spanish and commentary by Gustavo Carvajal
Illustration by Byron Alaff, ink & watercolor on paper

First published in the literary blog: La Emboscadura – Casa de Letras 

 

[1] La Proclamación de Emancipación (1863) fue una declaración realizada por el presidente estadounidense Abraham Lincoln, anunciando que todos los esclavos de los Estados Confederados de América serían liberados.

[2] The very moment I thought I was lost, My dungeon shook and my chains fell off.

https://www.marinersmuseum.org/sites/micro/captivepassage/arrival/arr021.html

[3] https://www.youtube.com/watch?v=s-rfiG6ubVc